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Palabras al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de las Américas

Me encuentro profundamente conmovido. No sólo es la gran distinción que se me acaba de conferir al otorgarme un grado honorífico, es también estar en una ceremonia de la Universidad de las Américas, institución de tanto renombre y de tan bien ganado prestigio en el país y en el extranjero. Es estar frente a las personalidades universitarias que, con su esfuerzo y entusiasmo, han hecho de esta casa de estudios lo que es hoy en día. Es estar, en fin, acompañándolos en un acto que para muchos de ustedes significa tanto. Un evento en el que se festeja la culminación de una tarea, y la iniciación de otra. Un acto de despedida, pero también de bienvenida.

Sin título, sobre el papel predominante de los administradores en las empresas

La juventud es la edad de las ilusiones, de los grandes proyectos. Ya lo dijo el poeta: «juventud, divino tesoro». Sin embargo, la juventud también es, por decirlo así, cuando se establecen los cimientos del gran edificio de la vida. Es un período en el que hay que tomar decisiones de peso, decisiones que tienen trascendencia durante toda nuestra existencia. Es en estos años cuando se gesta, en realidad, nuestro futuro.

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