Me encuentro profundamente conmovido. No sólo es la gran distinción que se me acaba de conferir al otorgarme un grado honorífico, es también estar en una ceremonia de la Universidad de las Américas, institución de tanto renombre y de tan bien ganado prestigio en el país y en el extranjero. Es estar frente a las personalidades universitarias que, con su esfuerzo y entusiasmo, han hecho de esta casa de estudios lo que es hoy en día. Es estar, en fin, acompañándolos en un acto que para muchos de ustedes significa tanto. Un evento en el que se festeja la culminación de una tarea, y la iniciación de otra. Un acto de despedida, pero también de bienvenida.