De Jalisco puede decirse sin ninguna reserva, en los momentos actuales, que es un estado que no se satisface nada más con progresar, sino que ambiciona, y lo ha estado logrando en los últimos años, un ritmo acelerado de crecimiento. En realidad, habiendo un marco institucional favorable en los niveles local y federal, no habría razón para que no lo hiciera. Recibe, ciertamente, el impulso formidable del desarrollo nacional y del fortalecimiento del mercado mexicano; pero tiene también múltiples elementos propios llamados a apoyar en lo futuro, como ha estado ya ocurriendo en el pasado inmediato y sucede en el presente, su proceso de desenvolvimiento.