Todo parece indicar que estamos entrando o hemos entrado a una etapa que bien podría ser llamada de este modo: la madurez del desarrollo económico mexicano. De entre la multiplicidad de testimonios pertinentes —y habida cuenta de la índole de este coloquio—, cabría subrayar uno: la valentía de muchas decisiones federales que se han adoptado al encarar los problemas cruciales de nuestro comercio exterior. La designación de economistas al frente de embajadas estratégicas, es una de ellas; la creación misma y estructura del Instituto Mexicano de Comercio Exterior, es otra.