Foto: Infobae

Dos Bocas: resulta que no es tan fácil

Julio Serrano*

Un reciente reporte de Bloomberg sostiene que la obra de la refinería de Dos Bocas está retrasada y que el presupuesto se ha disparado. Y no por poco. Según la agencia noticiosa, el costo final puede estar 40% por encima de lo estimado originalmente, es decir, 3 mil 600 millones de dólares más. Por esta cantidad, debería rebautizarse Tres Bocas (mal chiste, pero no lo pude evitar). Además, queda la duda si podrá inaugurarse este año como está previsto. 

Solo podemos sacar dos conclusiones ante el panorama que presenta Bloomberg: o el sobreprecio se debe a corrupción o a ineficiencia. No hay más. El Presidente tendrá que escoger una de estas dos opciones para explicarlo. Estoy seguro de que jamás aceptará que puedan existir malos manejos en uno de sus proyectos emblemáticos, por lo que no le queda de otra que reconocer que no se está ejecutando como se esperaba la obra. Asumamos, sin conceder, que este sea el caso. 

Aun así, los corolarios no son muy favorables para López Obrador y la evidente connotación de mal administrador que conllevan es el menos relevante. Lo más grave es que pone en entredicho una de sus premisas medulares: la de tachar las grandes obras públicas del pasado —aquellas que rebasaron por mucho su presupuesto— de corruptas. Si en su gobierno pueden generarse ineficiencias que producen 3 mil 600 millones de dólares de sobrecostos, ¿por qué no en los anteriores?  

Dos Bocas no es la única obra emblemática que enfrenta problemas presupuestales. Se estima que el Tren Maya tendrá un sobrecosto similar, esto es, 40% superior a la estimación original. Lo cierto es que cualquier proyecto de construcción puede salirse de presupuesto. Como todos los que hemos estado involucrados en una obra (desde una casa o un cuarto hasta un edificio) es casi imposible que se concluya a tiempo y en presupuesto. Siempre surgen imprevistos. En el caso de Dos Bocas, los costos de algunos materiales, por ejemplo, se han disparado a raíz de la pandemia. A esto hay que añadir que lo más probable es que el presupuesto inicial fue demasiado optimista.  

Pero aún asumiendo que la gente crea que no existe corrupción en los sobrecostos de sus obras estrella, el daño para un Presidente que se ha jactado de ser cuidadoso con los fondos públicos y de impulsar la austeridad republicana no es menor. Además, aunque en el fondo tenga razón, sus argumentos en contra de gobiernos anteriores por corrupción en obras públicas pierden fuerza. Resulta que parte de los excesos pueden atribuirse —como él mismo argumentara que le está ocurriendo— a problemas operativos y no a robo de recursos.

Esto implica que los beneficios de atacar la corrupción no son tan altos como López Obrador afirmaba, ya que parte del problema viene de ineficiencias que ni él ha podido eliminar. Por lo mismo, haría bien en enfocar mayores esfuerzos en mejorar su capacidad de operación. Quizá los beneficios no serán tan altos como los de eliminar la corrupción, pero serán cuantiosos. 

*Integrante del Consejo Directivo del CEEY. Correo: [email protected]. Columna publicada originalmente en Milenio el 27 de enero de 2022. 

2022-01-27T13:13:28-06:00