Foto: Desde abajo

Necesitamos aspiracionistas

Julio Serrano*

Todos queremos que nuestros hijos tengan una mejor vida que la nuestra y luchamos para lograrlo. No importa nuestra posición socioeconómica, no queremos que nuestro origen determine nuestro futuro o el de nuestros descendientes. En otras palabras, queremos una sociedad con movilidad social. 

El Presidente no parece estar muy de acuerdo. En un desafortunado comentario en la mañanera del 11 de junio, López Obrador criticó la “actitud aspiracionista” de la clase media y la calificó de “egoísta”. Su mensaje debió haber sido justo el contrario: aplaudir las ganas de los mexicanos de superarse. Si algo necesita el país es que la gente alcance su potencial, lo cual es imposible de conseguir sin un grado de ambición.  

Detrás de las palabras del Presidente se percibe un desinterés por la movilidad social. Su bienvenida preocupación por los pobres no siempre viene acompañada por una convicción de que pueden salir adelante si se les otorgan las herramientas necesarias. Por lo menos eso reflejan muchas de sus políticas. Sus programas sociales son predominantemente asistenciales, con pocas iniciativas para generar las oportunidades para que los menos afortunados escapen su condición de origen.

Es difícil pensar que se puede subir la escalera socioeconómica sin una actitud aspiracional. Se requiere de motivación y de esfuerzo; de talento. Y aún así es complicado. Estudios realizados por el CEEY (institución en la que colaboro) muestran que la movilidad social en México es muy baja, sobre todo entre los más pobres. Un mexicano que nace en un hogar muy pobre tiene apenas 26% de probabilidad de salir de la pobreza en edad adulta. La situación es todavía más delicada para ciertas regiones del país. En el sur solo 14% de los más desfavorecidos logran escapar de la pobreza. 

En el ámbito educativo —el principal motor de movilidad social—, López Obrador tampoco ha optado por promover la superación. Ha sacrificado la calidad a cambio de complacer a grupos inconformes del sindicato de maestros como la CNTE. Quienes más resentirán esta capitulación serán los más pobres. Pero el Presidente no parece darle tanto peso a la educación. En su crítica a la clase media de la mañanera descalificó a quienes cuentan con una licenciatura, maestría y doctorado por “querer triunfar a toda costa”. Bien pudo haber usado estas palabras en forma de halago, en reconocimiento al enorme esfuerzo que se requiere para prosperar; pero no, su intención fue demeritarlos. 

El Presidente cometió un raro error político al meterse con las clases medias, un grupo que, depende de la definición, comprende cerca de la mitad de la población y millones de votos. En lugar de criticar sus tendencias aspiracionales, lo que debe hacer López Obrador es estimularlas para así detonar la movilidad social, con beneficios para la gente y para el país. El problema es que para que tenga peso una postura como esta tiene que estar acompañada con la creación de oportunidades para todos. 

*Integrante del Consejo Directivo del CEEY. Correo: [email protected]. Columna publicada originalmente el jueves 17 de junio de 2021 en Milenio. 

2021-06-18T12:25:21-05:00