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Represa migratoria

Rodolfo de la Torre*

La recuperación económica de los Estados Unidos ha vuelto a atraer un gran número de migrantes indocumentados.

Ante la perspectiva de perder el limitado control que su gobierno tiene sobre este flujo, el presidente Biden consiguió que México sea lugar de estancia de migrantes deportados. Con esta concesión, el presidente López Obrador deja desatendido el asunto de fondo, y nuestro país lleva la peor parte.

Entre 2021 y el tercer trimestre de 2022 la economía de los Estados Unidos creció más de seis por ciento, superando con creces la caída de casi 3% que tuvo en 2020, al inicio de la pandemia. La recuperación económica norteamericana se tradujo en un importante aumento en la demanda de trabajadores indocumentados, particularmente en la construcción y la agricultura.

El desempeño de la economía de los Estados Unidos, en relación a la de otros países latinoamericanos y del Caribe, también ha aumentado la desigualdad regional favoreciendo la migración. Así, mientras el PIB per cápita en el país del norte se ha incrementado cerca del 7% de 2020 al tercer trimestre de 2021, para México se ha contraído casi 3% en el mismo periodo.

A esto hay que agregar que desde hace más de quince años el Informe de Desarrollo Humano para México identificó que la migración a los Estados Unidos cada vez estaba menos ligada al apremio económico y más a aprovechar los diferenciales de ingreso entre países haciendo uso de la red de migrantes ya establecidos en territorio estadounidense.

Mayores oportunidades de empleo, con posibilidades de obtener alrededor de cuatro veces el ingreso promedio en México, aún permaneciendo dentro del 50% de la población más pobre, han llevado a que en septiembre de 2022 se rompiera el récord histórico de migrantes indocumentados a Estados Unidos, de acuerdo a las cifras de detenidos en la frontera.

De los más de dos millones 300 mil detenciones de migrantes en la frontera norte más de la tercera parte corresponde a mexicanos y poco menos de un tercio a centroamericanos, aunque el grupo que más han incrementado su presencia es el de los venezolanos. Estos últimos, por la distancia de su país a los Estados Unidos, representan elevados costos de deportación.

Ante este panorama, que el presidente Biden consiga que México aloje mensualmente a treinta mil migrantes deportados procedentes de Cuba, Hatí, Nicaragua y Venezuela es un gran logro. Con ello, reduce la presión sobre su frontera creando una represa de migrantes rechazados fuera de los Estados Unidos. A cambio, ha extendido el programa que admite legalmente treinta mil migrantes de los países mencionados.

Han quedado fuera de los acuerdos entre los líderes de América del Norte acciones específicas para el alivio a la desigualdad internacional que impulsa la migración. También están ausentes concesiones migratorias para los mexicanos pese a que el país recibirá a los deportados con una economía trastabillante, sin recuperar lo perdido y con magras perspectivas de aumento en su inversión total.

Así, el presidente López Obrador se queda con una frontera norte menos permeable y con el costo de atender a 360 mil migrantes no mexicanos en territorio nacional. Esto sería una dificultad transitoria con crecimiento que a la larga aprovechara el influjo de migrantes. Sin embargo, para la economía mexicana representaría un problema persistente por la expectativa de crecer menos de 1% en 2023.

Una vez que queden atrás los gestos diplomáticos y la cordialidad de los mandatarios en su cumbre regional, a México le quedará un fuerte problema migratorio.

*Director de Movilidad Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Artículo publicado originalmente en Arena Pública el 11 de enero de 2023.

2023-01-12T13:52:00-06:00